LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

ECOLOGÍA DE MERCADO


LA TRAGEDIA DE LOS BIENES COMUNALES: ECOLOGÍA DE MERCADO…

Frente a la incongruente retórica “ecologista” viene desarrollándose desde hace años una decidida apuesta por la elaboración de una teoría sobre la ecología de mercado. Relacionar economía y ecología buscando los nexos de unión entre ambas para concluir proposiciones capaces de satisfacer las demandas actuales que la sociedad exige a las ciencias sociales en lo referente a la interacción del ser humano y el medio ambiente en el que habita.

Muchos son los mitos y tópicos que rodean este campo de análisis y pensamiento. La corriente principal de investigadores dedicados a él pertenece mayoritariamente a un ideal social anticapitalista, heredero de las mezquindades intelectuales del socialismo con manifiestas segundas intenciones guiando el desarrollo de sus trabajos y teorías.

El colectivismo intervencionista y liberticida ha invadido sin reparos y con absoluta impunidad una rama del saber que sin duda hoy en día merece especial atención y desarrollo científico. No hablamos aquí de la investigación que pueda realizar el científico natural, sino de aquello sobre lo que el científico social debe dirigir su atención, en la medida en que la acción humana modifica los elementos preexistentes de su entorno natural y de cómo realizar un cálculo económico racional respecto a las consecuencias de la misma, especulando y arbitrando decisiones tratando de abrirse camino entre la inerradicable incertidumbre que nos acecha estableciendo instituciones capaces de generar certezas donde antes no las había. 

Es curioso comprobar cómo el discurso conservacionista ha adquirido tintes providencialistas tomando a la naturaleza como elemento estático e independiente sobre el que el Hombre sólo es capaz de infringir un ilegítimo daño. Entienden estos ideólogos de una nueva divinidad que la Tierra es tal y como es y así debe permanecer, aislada de cualquier intromisión racional. El hombre, como ser racional, dispone de la facultad de perturbar un “equilibrio perfecto” en el que el resto de seres conviven sin maldad. El hombre por tanto no es equivalente  a cualquier otro actor del medio natural, de hecho, por ser el único actor, el único que remueve los elementos pretendiendo corregir situaciones de malestar sustituyéndolas por otras consideradas subjetivamente más favorables, introduce un elemento perverso, artificial, egoísta.

Creen estos agoreros de la madre tierra que el hombre es eso, artificial, impuro, como un virus que todo lo corrompe, que atenta contra un orden estático introduciendo un dinamismo perverso digno de ser extirpado. Con estas bases, todo su razonamiento, aunque lo nieguen, está viciado de origen. No pueden tratar de vender al gran público que su  lucha es por el bienestar del ser humano cuando es este el origen de su ira.

Muy al contrario de estas tendencias, de socialismo reciclado con las mismas bases inhumanas y arrogantes de siempre, surgen los auténticos ecologistas, aquellos que sí estudian la relación el ser humano con el medio natural en el que habitan. Asumen que el hombre pertenece a este mundo, que su naturaleza es la que es, que su acción pretende lo que pretende y por tanto no puede negársele su propio ser en pos de garantizar un equilibrio que no existe. La naturaleza cambia, no sólo por los cambios geológicos o cósmicos, sino también por los efectos que determinados seres infringen en el medio. Todos y cada uno de los seres que habitan y han habitado el planeta han modificado su entorno, nada permanece, todo cambia, el orden es dinámico, la coordinación natural surge del previo desajuste y cada cambio genera nuevas oportunidades para que las especies mejor adaptadas se hagan con su entorno. Esa es la lógica de la vida, no cabe negar la mayor y pretender conservar el rigor científico del ulterior análisis.

El ser humano atenta continuamente contra el medio. Cada nuevo ser humano supone un desajuste que encajar. EL ser humano tiene la capacidad de perseguir de manera deliberada fines conscientes que estima mejores para su provenir y su calidad de vida. Esa es su naturaleza, no sabe ser de otra manera. Una vivienda es un atentado contra la naturaleza, un pequeño huerto, es un sistema artificial, tecnológico de cultivo de alimentos. Un camino, aunque sea de tierra, altera la orografía, una fuente, un molino, una pequeña acequia…

En su búsqueda de nuevos medios para satisfacer sus fines de siempre y los que van surgiendo de cada descubrimiento y acción, el ser humano tiende a expandirse sin límite, dividiendo el conocimiento, el trabajo, generando eso que conocemos como sociedad extensa. Es inevitable que el ser humano altere el entorno… otra cosa es que esa intervención en el mismo sea viable en términos humanos y permita cierto conservacionismo.

Este último debe entenderse desde las preferencias concretas del ser humano en una época concreta. La idea del entorno y el interés por conservarlo “intacto” ha variado con el paso de los siglos. Es ahora, en la época industrializada, de grandes urbes, cuando el ser humano ha dirigido su atención y preferencia por disfrutar de entornos naturales aparentemente vírgenes. Conservarlos es el gusto de la burguesía. Obviamente para el agricultor o ganadero medieval poco importaba si un monte permanecía o no intacto, estéticamente bucólico. Lo que querían era sobrevivir, y si había que talarlo se talaba. Sólo al crecer la productividad del trabajo, gracias al progreso técnico generado desde el capitalismo el hombre se ha fijado y ha emprendido un gusto por conservar determinados enclaves, veranear en ellos, ser propietario de los mismos o vivir en su entorno…

Los que niegan la mayor no atienden a razones, por lo que esta conclusión les resulta insignificante, irrelevante.

El artículo ha sido titulado “la tragedia de los bienes comunes” por una razón. En esta pugna eterna entre colectivistas e individualistas se esconde el debate entre la libertad y la igualdad, la propiedad privada o la ausencia de la misma. Los bienes que no son de nadie, que son de todos, pueden ser explotados por cualquiera. De esa explotación se desprenden costes que el explotador actual, el concreto, no padece, sino que repercute al resto, en una dinámica que concluye por aniquilar la capacidad productiva del bien. Esta idea es extrapolable a cualquier actividad, sea el fin buscado alimentar al ganado o simplemente disfrutar de un día de campo con la familia. Si no están definidos los derechos de propiedad sobre todo, absolutamente todo, los retales quedarán a merced de esa irremediable condena.

En el estatismo que vivimos el ecologismo socialista, consciente de esta verdad, ha optado por entregar la propiedad de estos bienes “comunes” o recursos naturales al Estado, pero no en un sentido abstracto, sino efectivo, actuando la Administración como propietaria “diligente” y excluyente de esos bienes. El Estado, además, limita el ejercicio de la propiedad privada de los particulares en la medida que entienda afecte a determinados elementos dignos de protección.

El Estado nacionaliza recursos, regula su explotación por particulares o simplemente administra el uso privativo que pueda hacerse de ellos en casos puntuales. Espero que se entienda lo amplio del argumento. Y estamos en manos del socialismo, y su imposibilidad teórica, comprobable en la práctica, ineficiente pero además límite al desarrollo empresarial de nuevas formas de gestionar y aprovechar esos recursos sin dilapidarlos.

El empresario particular especula calculando racionalmente el valor futuro que podrán tener actuales bienes o inversiones. Este acto de especulación, de perspicacia por advertir ajustes intertemporales, arbitrar las acciones, permanece disperso, en forma práctica, tácitamente en la cabeza de todos y cada uno de los seres humanos. Cuando el Estado dispone arbitrariamente sobre un sector concreto del proceso social oscurece para e impide la innovación dinámica y constante. Anquilosa su situación generando un coste incalculable.

Si los derechos de propiedad están perfectamente definidos, o se van definiendo a medida que las innovaciones así lo exijan en cada caso concreto, es obvio que las externalidades negativas, la contaminación, por ejemplo, dejarían de ser costes de producción que el empresario no padece esparciéndolas entre los demás sujetos y propietarios. Es decir, sólo en un mundo donde los derechos de propiedad privada estuvieran perfectamente definidos y con vocación de concretarse ante los nuevos elementos y actividades, la contaminación sería soportada en exclusiva por quien la generase, es decir, no podría verterla sobre bienes comunales, aunque fueran gestionados por el interesado y poco eficiente Estado, o sobre otros particulares, que tendrían la capacidad de reivindicar la defensa de su persona y sus propiedades. La tecnología habría ido por otros derroteros, habría avanzado de forma espontánea y efectiva en la búsqueda de formas de producción menos contaminantes, más limpias. Los coches no emitirían humo por la combustión, y todo eso que hoy empezamos a vislumbrar, con un alto coste de producción estaría a años luz de desarrollo.

Las razones por las que el petróleo sigue siendo la fuente principal de energía, al menos en la automoción, son muchas, pero nunca la égida interesada de los productores petrolíferos, sino la aquiescencia del Estado con la contaminación generada a costa de la salud de los seres humanos y el deterioro del medio. Primero fueron los bienes comunales, el mar, los ríos, el aire, ahora es el intervencionismo salvavidas del Estado, que pretende emprender un nuevo socialismo, el ecologista. Mientras tanto el medio se degrada y lo seguirá haciendo, y todos padecemos costes, externalidades negativas, que bajo una definición estricta de los derechos de propiedad no sufriríamos…

Dónde está por tanto la mejor forma de salvar el medio? En el socialismo ecologista, o el ecologismo de mercado? Hemos presentado aquí principios fundamentales, un análisis científico y además hechos incontestables que en la práctica dan la razón a este planteamiento. Es obvio que la corriente principal del ecologismo no sólo se niegan a comprender la naturaleza del ser humano, sino que reniegan de ella, pretendiendo construir un mundo organizado a su imagen y semejanza que consideran mucho más eficiente que otro sobre el que cargan tintas pero que jamás ha existido. Todo lo malo que hoy padecemos no procede de una economía pura de mercado, sino del mercantilismo, el intervencionismo, la estatolatría y la falta de definición de los derechos de propiedad. La oferta de los ecologistas colectivistas es más de lo mismo, y por cierto, aniquilar en la práctica al 90% de la población mundial… en una primera fase… en la segunda, el 10% restante por inanición…

(Recomiendo la lectura, como siempre, de la Acción Humana de Mises, y de los artículos de Huerta de Soto sobre el tema: Ecología de mercado y Derechos de Propiedad y Gestión Privada, ambos en Estudios de Economía Política, Unión Editorial)

19 comentarios para “ECOLOGÍA DE MERCADO”

  1. zadala escribió

    Este ha sido, que yo recuerde, uno de los mejores planteamientos del tema ecologista unido a política y economía, con absoluto sentido común, rigor, y tocando cada uno de los temas de vista.

    Yo siempre pensaré que la mayoría de corrientes ecologistas son completamente irracionales y no tienen en cuenta el entramado complejo de la sociedad. Hemos llegado hasta un punto de desarrollo que plantea problemas ecológicos, de acuerdo, pero no podemos arrasar con todo e imponer un método de vida que hoy en día resulta una utopía, como crear pequeños poblados autosuficientes o acabar con la producción industrial.
    Producciónde la cual estos amantes de la naturaleza también se aprovechan, lógicamente, porque es algo que está inmerso en el mundo.

    Y lo de que el ser humano es un cáncer que se desarrolla sin control y mata al supraorganismo llamado naturaleza me parece una ridicules. Es cierto que provocamos daños en el entorno, ¿pero qué no lo hace? Lo único que debería controlarse es aquellas acciones que perjudican innecesariamente el entorno, veo un ejemplo en la tala de árboles para la producción de papel, siendo éste un material altamente reciclable. Pero claro, aquellos que adoran la belleza de un paisaje natural suelen también elegir un papel blanco y de primera calidad antes que el antiestético papel marrón. Es aún más ilógico si pensamos que el papel es un simple portador de información, lo importante es el contenido, no la presentación. Por suerte, con los documentos digitales este problema va disminuyendo.

    Entiendo que haya gente que quiera conservar parajes, pero el crecimiento demográfico es incontrolable y la demanda de productos también. Es un tema muy complejo en el que siempre se quedarán cabos sueltos a la hora de analizarlo, pero lo que menos ayuda son las posiciones extremistas. Así no se hará daño al medio ambiente, pero qué pasa con la raza humana? dejamos autoextinguirnos?
    Este asunto requiere consensos internacionales que son difíciles de realizar y en los que el dinero siempre empañará los acuerdos. Es la realidad, el dinero mueve el mundo, y la ecología sólo se verá beneficiada una vez que la economía también lo esté.

  2. [...] ECOLOGÍA DE MERCADO [...]

  3. Beto escribió

    yosoyhayek, si aprovechándote del blog de Escolar no tienes más que 2 míseros comentarios, estas perdiendo el tiempo. Mejor déjalo.
    Y en cuanto al post, es la misma sucesión de argumentos falaces neoliberales ya oidos y requeteoídos: Privaticemos el ecosistema y así conseguiremos que todos sus dueños cuiden su propiedad y por tanto su parte de ecosistema (explotándolo todo lo posible, claro está)
    En principio parece buena idea, hasta que al dueño de un bosque le da por incendiarlo para cobrar el seguro o al dueño de un río le da por dejar que se lo contamine la fábrica de al lado por un módico precio.
    Siempre las mismas falacias: El estado que no me controle, que no intervenga, el mercado lo soluciona todo. Eso sí, si suben los precios, si la construcción se hunde, si el paro sube, o si el planeta se va a la mierda, la culpa es del estado, no mía
    Que morro teneis.

  4. yosoyhayek escribió

    Aha, muy bien… mira, no quiero parecer arrogante, pero lo seré por un momento… el que no tiene ni idea eres tú. Si tanto te interesa la situación económica actual date un vuelta por la página dedicada a ciclos económicos… si tan listo eres, no lo hagas, directamente ve a las fuentes, estudia, comprende y después hablamos… yo no estoy aquí para discutir con analfabetos, en serio, tus lugares comunes para tí!
    Saludos Escolar!

  5. yosoyhayek escribió

    Po cierto… qué fácil es ser anti´liberal, de la cuerda que sea… sin abrir un libro, sin manejar concepto alguno, si acaso paradigmas demostrados com imposibles y absurdos, puede uno dar lecciones a quien se preocupa por estudiar, aprender y transmitir de buena fe lo que ha comprendido de los grandes pensadores liberales… claro, lo sencillo es no saber nada y escupir o vomitar consignas… claro… así sí!
    Saludos!

  6. [...] ECOLOGÍA DE MERCADO [...]

  7. [...] ECOLOGÍA DE MERCADO [...]

  8. [...] ECOLOGÍA DE MERCADO [...]

  9. Pro-Beto escribió

    Patético…falacia tras falacia…y creerte un sabio de la economía…ademas lleno de prejucicios…

  10. yosoyhayek escribió

    y tú más! jajaja, vaya comentarios. Si te duele la contundencia del argumento, trata de refutarlo, pero no aspires a escupirme en la cara.
    Saludos!

  11. [...] ECOLOGÍA DE MERCADO [...]

  12. [...] sin hacer cosas de más. Es decir, Chrome economiza, tiene en cuenta el problema de la escasez y asigna derechos de propiedad como la mejor solución. A su vez incentiva a los desarrolladores a ahorrar recursos y cuidar de no sobre cargar los sitios [...]

  13. hector1564 escribió

    Te hecho una crítica a tu post desde mi blog. Aqui:
    http://hector1564.blogspot.com/2008/10/ecologa-de-mercado.html

    Basicamente la idea es que solución propuesta además de resultar altamente especulativa, y quien sabe si práctica, sólo se circunscribe a unos problemas muy concretos, la contaminación y la sobreexplotación, de entre los muchos que suscita el medioambiente siendo el principal, el que los subsume a todos y el que sigue sin atenderse, el de la biodiversidad.

    Saludos

  14. yosoyhayek escribió

    No he entendido muy bien cuál es tu propuesta al respecto. Mi artículo sencillamente analiza la situación y trata de dar una explicación coherente con la realidad del proceso social, fundado en la libertad individual y la apropiación de recursos escasos. Todo lo demás me temo que caería en fantasiosos panoramas abiertamente irrealizables y contrarios con la naturaleza del ser humano. Es inviable la preservación del entorno dirigida por un ente, o varios coordinados, si esta pretende limitar la expansión social y la especulación, entendida en sus justos términos, como previsión de los rendimientos futuros de un bien. Sólo así cabe la preservación del mismo. Todo lo no apropiable acaba degradándose. Pero bueno, me remito a mi artículo y todo lo escrito sobre el tema, que es mucho y muy bien argumentado.
    Gracias por la crítica.
    Saludos!

  15. larralde escribió

    Menudo cacao que llevas, chaval… ¿POr qué tanta gente confunde “los comunes” con los comunales? Un poco de cultura, por favor…

  16. yosoyhayek escribió

    Ilústranos

  17. [...] Tragedia de los comunes y Ecología de mercado [...]

  18. Nostradamus escribió

    En un contexto sistémico, de Tragedia del Mercado, las economías funcionan de manera expansionista de forma exponencial, destruyen más valor económico proveniente del patrimonio común (externalidades) del que generan para sus intereres privados, desarrollan prácticas productivas de bienes de cosumo insostenibles (ejemp., las ex-economías estatalizadas dirigidas por tecnócratas en los paises del este de europa), producen una degradación acelerada de los ecosistemas y el agotamiento de sus recursos naturales al no considerar los límites biofísicos del entorno.

    Franz J. Broswimmer (sociólogo), señalaba, aludiendo a la capacidad de carga de un ecosistema, que “la extralimitación disminuye la capacidad de carga: transgedirla desencadena una espiral suicida hacia la nada”, pues bien la Huella Ecológica (índice de sostenibilidad reconocido internacionalmente) nos indica que hemos sobrepasado la capacidad de carga del planeta (ecoesfera) en un 30%, tal y como indica el último informe “Planeta Vivo 2008”, elaborado por WWF (World Wide Fund ), por su parte el “Índice Planeta Vivo” (IPV) nos revela que hemos perdido casi la tercera parte de la riqueza biológica y de los recursos naturales en los últimos 35 años, que como dije antes son recursos públicos o comunes.
    La Huella Ecológica evidencia la insostenibilidad de nuestros sistemas económicos actuales, una sociedad dominada por el individualismo neoliberal nos aleja de la sustantibilidad, la Tragedia del Mercado, por tanto, está servida…

    http://crisisplanetaria.blogspot.com/2009/09/la-tragedia-del-mercado-la-cara-oculta.html

  19. yosoyhayek escribió

    ¿Y qué propones?

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