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Intolerancia

agosto 18, 2011
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Ayer me preguntaba, no exenta de perplejidad, si todavía vivimos en algún oscuro rincón del Medievo. Estoy leyendo a Larra, me respondía, y tal vez su pesimismo me ciegue. Pero lo cierto es que no podía (y no puedo) creer lo que veo. No ya la hipocresía de un grupo de arrogantes sino su extremismo que siembra la discordia en vez de construir. ¿No es acaso el respeto la base de la convivencia? Y cuántas veces he oído ese vocablo en boca de quienes han sido respetados pese a su repetida falta de respeto. Cuántas!

La fe es patrimonio privado. Hubo un tiempo en que la fe era pública y gozaba de poder. En su nombre se cometieron desmanes. La progresiva laicización de la sociedad fue un largo y lento camino más de espinas que de rosas. Mas podemos felicitarnos y decir que, a estas alturas del Siglo XXI vivimos en una sociedad mucho más libre y en la que, precisamente porque existe libertad religiosa (entre otras muchas) el individuo no tiene por qué luchar y agredir por motivos de fe. O eso parece.

La Iglesia, es cierto, emite, y no pocas veces, de modo inoportuno y anacrónico sus peculiares juicios. Al fin y al cabo ese es su cometido. Pero carece de poder para ejercer su voluntad y su autoridad es estrictamente moral y afecta sólo a aquellas personas que, voluntariamente, deciden seguir sus dictados. Las posibilidades para los integrantes de la sociedad son mucho más amplias que las estipuladas por uno u otro dogmas, he ahí la virtud de nuestro tiempo. Una ventaja que parecen no haber entendido del todo los indignados antipapistas, dispuestos como están a arramblar con los muchos beneficios de nuestra sociedad contemporánea. Por muy triste que nos parezca a España todavía la carcome el fantasma del fanatismo, no erradicado del todo, y que periódicamente hace acto de presencia para deshacer los logros que el espíritu de tolerancia y libertad han arrancado a los fanáticos de uno y otro signos.

Buena parte de la cofradía laica se nutrió de material humano indignado. Los mismos que en nombre de la VERDAD ocuparon sin voluntad de abandonarlo un espacio público (con el subsiguiente daño a los comercios, al transeúnte, al contribuyente) ahora, en nombre de los divinos impuestos se plantaron frente a las hordas papistas para insultarlas.  Sabido es que si se hubiese tratado de una concentración budista, musulmana, de un concierto, nadie hubiese dicho ni mú. Mas el aburrimiento, el rencor y la rabia, siempre buscan excusas y enemigos. Siempre tienen capacidad para inventarlos. Y de este modo, una concentración pacífica y que no sólo cuenta con los permisos requeridos sino  que trae dinero al país y representa una muestra de la tolerancia que la sociedad civil demuestra (frente a una clara mayoría, nos guste o no, católica, como es la de este país) fue vilmente atacada por el mismo grupo de fanáticos que parece reencarnarse en nuestra España.

 Da igual del signo que sean. La intolerancia, el fanatismo y el radicalismo no son sino una cosa, independientemente de las banderas que enarbolen. Son el gran mal de España.

Un saludo.

3 comentarios leave one →
  1. agosto 18, 2011 10:43 am

    desde mi punto de vista la religión es una soberana bobada. Sin embargo todo el mundo tiene derecho a creer en lo que quiera, sea Zeus, Papa Noel o el monstruo de los espaguetis. No me importa que el 99% de la población española comparta la fe católica. Cómo si lo compartiera el 1%, el derecho es el mismo. Pero la interrupción de la libre circulación de los ciudadanos y el uso de los espacios que lamentablemente siguen siendo públicos no puede ser monopolizado aunque sea por un tiempo limitado ni por el 15M, ni por los profesores en huelga y tampoco por el papa. Si se quiere organizar algún tipo de actividad, que sea en propiedad privada y con seguridad privada y que lo sufraguen los fieles, no yo. Lo mismo las protestas en contra. Esta discusión no tendría sentido si no existiera la propiedad pública, pero lamentablemente existe. Por lo tanto, nadie puede atribuirse su uso exclusivo mientras persista. En este caso, el primer agresor es el papa que viene a “adueñarse” de este espacio público, tal cual el 15M en su momento. Yo recibiría esta protección y me otorgarían estos espacios públicos para hacer una festividad por la fuerza jedi????

    Basta de mezclar conservadurismo con liberalismo! Porqué privilegiar a instituciones tradicionales y moralistas por sobre las libertades individuales? Esto es socialismo de derechas y es igual de colectivista que el socialismo de izquierdas y no tiene nada que ver con la libertad.

    • agosto 18, 2011 11:07 am

      Son tantas las ocasiones en las que se ocupa el espacio público que veríamos las calles un tanto insulsas si esto no sucediera. No soy religiosa y por lo tanto, tampoco me agrada en exceso ver las calles invadidas por creyentes, pero la mayoría del país es católica y paga sus impuestos, ergo…. Hay fiestas en los barrios, hay cosas como el orgullo gay, hay festivales (musicales, gastronómicos) que tienen por escenario el espacio público y que suponen, innegablemente, un gasto para el contribuyente. No por ello vamos a ponernos cerriles e intolerantes. Y no nos engañemos, pues el ataque de los antipaperos tiene un origen bastante más perverso y destructivo que ese cándido idealismo que nos lleva a soñar con un espacio público libre de los lastres de manifestaciones públicas de cualquier signo. De hecho, hasta me gusta que el espacio público sea escenario de un crisol de creencias o actividades. Le da color y es signo de tolerancia y pluralismo, que es lo que se persigue. SI se perpetuasen en las calles obviamente resultaría más que reprobable, pero dado que se congregan durante unos días no veo problemas. Hace no mucho hubo un festival indio en Lavapiés y no se dijo nada. Se pusieron tenderetes de todo tipo en distintas calles y la gente disfrutó. Si no quieres ir nadie te obliga. Además, que no se te olvide que genera dinero.

    • Iván Moreno permalink
      agosto 18, 2011 2:38 pm

      Andreas, ¿tu lucha es contra la ocupación del espacio público o contra el organizador? Si es lo primero, no sé a qué viene llamar bobos a los creyentes, pues no viene al tema. O por qué te fijas en que las instituciones sean “tradicionales y moralistas”… ¿no debería dar igual?

      Por lo demás, tienes razón, si las calles fueran privadas no habría este problema. Pero mientras sean públicas la mayoría decidirá qué y qué no se puede hacer con ellas. Fiestas, manifestaciones, eventos deportivos, conciertos. Hasta fiestas Jedi (también ha habido eventos relacionados… lo que pasa es que no venían 1 millón de personas). No sé si lo entiendes, pero mientras sea público no hay agresión. Hay confrontación de pareceres. No dejar al Papa y al millón de personas estar en el espacio público también se podría llamar agresión, porque entonces serías tú el que te adueñarías del espacio público impidiendo a la gente ocuparlo.

      Creo que utilizas varias bases para un mismo argumento y consigues autoengañarte para justificar tus prejuicios. Y ese es el mayor problema del pensador… ser demasiado inteligente como para engañarse, y no lo suficiente como para darse cuenta.

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