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La paradoja india

marzo 2, 2009

Ayer vi Slumdog Millionaire, Oscar a mejor película (y alguno más), alabada por crítica y público. No es genial, pero no puede negarse que tanto la historia, como el efectismo logrado, montaje y banda sonora conforman un producto muy asequible para cualquiera, entretenido, emocionante y muy recomendable. No es el primer Oscar dudoso, como dudosas han sido las nominaciones. Algo parecido sucedió hace unos años con Crash, muy bien armada pero con poca sustancia. En este caso se combinan, lo que es digno de mención, sustancia y envoltorio, empaquetando dos horas de trama que te hacen reflexionar, soltar alguna lagrimita y pasar un buen rato.

Ya dijo Albert Esplugas que uno de los puntos favorables al film es que muestra la realidad, muchas veces dura y penosa, pero también prometedora, sin caer en falsas consideraciones o tendenciosos juicios de valor. La India representa a la perfección dos escenarios contrapuestos en relación con el desarrollo humano y la mejora en las condiciones de vida. Sería complejo revisar todas las circunstancias que concurren en este caso particular, por lo que recurriré a la abstracción en busca de principios y tendencia más o menos generales.

Los órdenes sociales topan habitualmente con obstáculos en su camino de incremento de la complejidad y la división del conocimiento. En circunstancias normales esto generaría una mayor satisfacción de las necesidades, pero también el surgimiento de otras nuevas. El dinamismo es inherente al proceso social en la medida que determinados principios, valores y hábitos institucionalizados no representen barreras infranqueables que imposibilitan el ajuste y la coordinación social.

Muchas sociedades alcanzan momentos de desarrollo espectaculares seguidos de estancamientos aparentemente irrecuperables. Todo se debe a problemas institucionales, normas y reglas morales, costumbres que son abiertamente incompatibles con las bases que hacen posible el dinamismo del orden social: hablo de la propiedad privada, mejora y ahondamiento en su definición y defensa, conductas que propician el intercambio seguro, pautas que garantizan la fluidez del tráfico mercantil, la ausencia de un ente de dominación que expropie dinero, moral o Derecho, o que llegue a suplantar el orden jurídico competitivo.

En función del grado de complejidad y del nivel de éxito, coordinación y ajuste alcanzado por las instituciones sociales esenciales, el impacto de la coacción sistemática y arbitraria de estos entes de dominación conseguirá doblegar o no el ímpetu de los individuos y su capacidad de crear información de la nada, percibir desajustes como oportunidades de ganancia, generando en todo caso efectos coordinadores de los que todos terminan beneficiándose.

Grandes civilizaciones, o proyectos de civilización, toparon con estos obstáculos o fueron incapaces, por unas razones u otras, de adoptar institucionalmente las soluciones competitivas que amparaban conductas con efectos exitosos y coordinadores.

Sucede entonces que desde el exterior llegan hallazgos, bienes y conocimiento años luz de los que serían posibles en el estado de desarrollo de un determinado ámbito cultural. El impacto acontece de diversas formas. En la medida que las instituciones locales no cedan ante las pautas, principios y valores que hacen posible esos niveles, comenzarán las contradicciones y los esperpentos sociales.

La descoordinación necesaria para que se acumulen bolsas de población, en continuo avance demográfico, sin aparente salida más allá de la miseria y la dependencia más o menos ilícita, no debe ser tomada como un efecto directo del desarrollo importado, o un requisito para garantizar niveles de riqueza en otras partes del mundo o para individuos concretos en esos mismos lugares. La descoordinación con efectos tan penosos procede, entre otras cosas, de un problema institucional.

La ventaja que tiene lo que Occidente ha conseguido tras siglos de cambios, adaptaciones, errores y aciertos, momentos de penuria y o de auténtica suerte, es la facilidad con la que puede proporcionar, en pocos años, un nivel similar e incluso superior a realidades sociales mucho menos desarrolladas. El hombre tiene una capacidad innata para incorporar las conductas exitosas, y a pesar de la losa que representa el arraigo institucional menos coordinador, la tendencia es a que arrasen las reglas y principios que hicieron posible la vanguardia occidental.

La realidad de India es compleja: religión, colonialismo, situación estratégica, demografía, y un peculiar orden institucional que favoreció grandes contrastes y desequilibrios sangrantes. A este aparente inmovilismo se le unió la irrupción del estatismo en sus diferentes expresiones, como inserto en una estructura imperial hasta la independencia caracterizada por la tensión militar con su escisión paquistaní.

Una nueva esperanza se apoderó de todo el que quiso aprovechar las oportunidades que ofrece el respeto de la propiedad privada y la libertad individual. El comercio internacional, las necesidades de occidente, entraron en un proceso de retroalimentación que hizo posible, allí donde la libertad empezó su avance, un desarrollo sin precedentes, súbito, de efectos sorprendentes para millones de personas hasta entonces condenadas a la miseria más feroz.

No sabemos cómo afectará esta crisis a las potencias económicas en auge, como China o India. Su desarrollo está profundamente vinculado al de Occidente, la ausencia de barreras proteccionistas y el establecimiento de un orden financiero más libre y sólido, y por ello, responsable y generador de conductas más ajustadas y sostenibles.

Slumdog Millionaire no solo muestra como un miserable alcanza gloria y riqueza gracias a un concurso televisivo. Es una película que revisa los últimos quince años de la India, su desarrollo, el cambio que ha vivido y sigue experimentando. La libertad y los valores e instituciones que la hacen posible, son más fuertes que todas las barreras culturales que solo consiguen perpetuar en la miseria a las personas, o peor, generar contradicciones como las que hoy siguen sacudiendo a tantos países en vías de desarrollo. Solo el estatismo, el socialismo, pueden poner trabas y contener el avance de la libertad. Todas las estampas de sufrimiento son en gran medida responsabilidad suya. El dinamismo, en escenarios competitivos, termina por adaptar toda expresión cultural al éxito y el humanismo de la libertad individual.

Os recomiendo la película.

Saludos y Libertad!

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One Comment leave one →
  1. Yonder permalink
    marzo 2, 2009 6:45 pm

    No esta mal la película, pero no es para tanto y menos para premiarla como la mejor película, aunque los Oscar ya se sabe como se conceden. Mucho mejor es “El Luchador” de Darren Aronofsky, la cual sin embargo, no ha recibido ni una maldita estatuilla. En fin no siempre ganan los mejores.

    Saludos

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